Para mantener una buena relación en pareja con expectativas de futuro hay ciertos criterios que son indispensables. Esto significa que son elementos que no pueden faltar en una relación de pareja sana. Y la responsabilidad afectiva es uno de ellos. Pero ¿sabes lo que es realmente?

¿Qué es y qué implica la responsabilidad afectiva?

La responsabilidad afectiva se fundamenta en las emociones y los sentimientos de quienes componen una relación, en la consciencia de estos y en la comunicación y el respeto.

Por tanto, este concepto hace referencia a la capacidad de ser consciente de que, cuando estás en una relación, tus palabras y tus actos pueden tener consecuencias (tanto positivas como negativas) en la otra persona que la conforma.

Es decir, ante un hecho concreto, debes tener en cuenta los sentimientos y emociones que puede experimentar tu pareja. Pero esto no quiere decir que pases a actuar conforme a lo que le gustaría a tu pareja, sino que ambos estéis dispuestos a hablar y acordar términos importantes para la relación y para cada uno individualmente.

Beneficios de la responsabilidad afectiva

Como es evidente, la responsabilidad afectiva en las relaciones de pareja tiene múltiples beneficios. El principal y más evidente es la utilidad de esta herramienta para la construcción de una relación de pareja sana y consciente.

Aun así, todo pasaría a ser mucho más sencillo entre tú y tu compañero/a si tenéis en cuenta este concepto y todo lo que conlleva: gestionar vuestras emociones, mejorar la comunicación, respetar vuestras decisiones, trabajar individualmente vuestra autoestima, reducir las falsas expectativas y, por supuesto, llegar a acuerdos cuando sea necesario.

¿Cómo ser responsable afectivamente?

En términos generales, ya puedes hacerte una idea de cómo trabajar la responsabilidad afectiva en tu relación. Pero, para que sea todavía más sencillo, detallaremos algunas actuaciones que tú y tu pareja podéis llevar a cabo de forma consciente para que el trabajo por la mejora sea mucho más eficiente.

Manos agarradas

Sé directo y claro

La asertividad es el concepto que define a la perfección este fundamento. La capacidad de ser claro con tu pareja y expresarle tus intenciones, expectativas, emociones o simplemente cosas que no te hayan podido sentar bien facilita mucho la comprensión entre miembros.

Se trata de tomar la iniciativa y la comunicación, planteándole tus preocupaciones y necesidades a la otra persona. Siempre de forma paciente, tranquila y con la voluntad de mantener una conversación que pueda ser fructífera para ambos.

Además, trabajar la asertividad te ayudará a evitar conflictos o reducir su gravedad haciendo que sea más fácil gestionarlos y solucionarlos.

Establece acuerdos y límites

Si la responsabilidad afectiva consiste en la consciencia y comprensión de los sentimientos de tu pareja (y viceversa), la capacidad de establecer acuerdos y límites juega un papel fundamental.

De hecho, si de antemano esa persona te plantea qué tipo de actitudes no le sientan bien y cuáles no tiene ningún problema en asumir, siempre que lleguéis a un acuerdo os va a permitir saber gestionar los conflictos o las situaciones de incomodidad.

Asume que puede haber complicaciones

Como ya hemos mencionado en otras ocasiones, no existe una relación perfecta. Y esto no implica que no sea sana, todo lo contrario. Pero aquí el primer paso es, precisamente, ser realista contigo mismo y tener claro que pueden surgir complicaciones.

Cuando se establece un vínculo con una persona se dejan de tener en cuenta exclusivamente las características particulares. A estas (que no se las debe dejar de lado en ningún momento) se le añaden las de la otra persona, que seguramente sean diferentes en determinados aspectos, y esto acostumbra a generar roces. Pero, de nuevo, la clave está en la comunicación y la voluntad por el trabajo y la resolución.

Recuerda que es cosa de dos

La responsabilidad afectiva es un concepto aplicado a un vínculo entre dos personas (y ojo, que no es algo que se reduzca exclusivamente a las relaciones de pareja, es aplicable a cualquier tipo de relación sentimental). Por tanto, tus actos van a tener efectos en la otra persona que compone este vínculo.

Simplemente, sé consciente de esto. Recuerda que los actos siempre tienen consecuencias, sean positivas o negativas. Y que, en este caso, los efectos recaerán también sobre alguien más (y no solo sobre ti).

Conclusiones

Ahora seguro que ya tienes claro cómo funciona la responsabilidad afectiva, ¿verdad? Pues es el momento de empezar a trabajar en ella. Si quieres hacer este proceso mucho más sencillo, Wefeel puede ayudarte. Las actividades que pautan la aplicación te servirán de guía para mejorar en los aspectos que hemos mencionado anteriormente. ¡A por ello!