Cuando hablamos de la pareja la primera imagen que nos viene a la mente es la unión de dos personas, el núcleo que conforman las dos partes, pero algo que no se debe olvidar es que, ante todo, la pareja es cuestión de dos, dos personas independientes… Detrás de cada una de ellas hay inquietudes, prioridades de vida y una manera propia de percibir la realidad.

Es importante mantener nuestro centro y estabilidad, y que el hecho de estar en una relación no nos lleve a perder nuestra verdadera esencia. Es decir, a confundir lo que realmente somos, con lo que se espera de nosotros.

La autenticidad es básicamente estar en coherencia con lo que se piensa y se hace, por lo que va ligado a la comunicación. En la pareja está bien ser flexible y acompañar al otro aunque no sea muy de nuestro agrado, o hacer tal cosa para satisfacer a la otra persona… pero siempre y cuando seamos capaces de hacerlo sin vulnerar nuestra esencia o amenazar principios claves para nosotros.   

Si necesitamos interpretar un papel con nuestra pareja es porque, en el fondo, creemos que no aceptará ni amará nuestro auténtico “yo”. Obviamente, una relación así a la larga, no nos hará felices y nos llevará a una profunda insatisfacción, la insatisfacción de no poder ser nosotros mismos por miedo a ser rechazados o juzgados.

«No será posible ser honesto con el otro si uno no lo es consigo mismo».

Ambos miembros deben estar dispuestos a responsabilizarse de sí mismos, para dar lo mejor a su pareja. Cuanto más real y consciente es la vivencia de uno mismo, más real y auténtica es la relación con el otro.

Uno de los pilares que sustenta una relación de pareja equilibrada es precisamente que ambas partes estén en equilibrio. Tiene su lógica, uno no puede dar lo que no tiene, ni tampoco pedírselo a los demás. Cuando nos mostramos fieles a nosotros y compartimos esa honestidad con nuestra pareja, es ahí cuando hablamos de una relación sana.

Porque el amor no tiene que ser perfecto, sino auténtico. Esto significa que ambas personas deben haber realizado su propio trabajo interior. El amor necesita un lugar donde resguardarse, necesita de ambos para existir y sobrevivir, por eso, si cada quién no se ama lo suficiente, no será capaz de amar plenamente a la otra persona.