Vivimos en una sociedad que nos transmite una gran cantidad de creencias erróneas que nos determinan nuestro comportamiento e incluso, puede determinar nuestra vida. Las personas no cambian. Esto lo hemos escuchado en innumerables ocasiones a personas inteligentes de nuestro alrededor y con capacidad de pensar por sí mismas.

Es una de las afirmaciones que más me irritan porque creo que es uno de los pensamientos irracionales más limitantes en nuestra vida. LAS PERSONAS CAMBIAN SI QUIEREN Y ESTÁN MOTIVADAS PARA HACERLO. No paramos de ver cambios en las personas que tenemos alrededor por evolución natural, por necesidad, por voluntad de querer ser de otra manera, por infinidad de motivos, ¿por qué entonces pensamos que no somos capaces de hacerlo? Creo que en buena parte, esta frase nos ayuda a exculparnos de no luchar por una determinada causa. Entonces deberíamos ser más sinceros y reconocernos que no nos interesa lo suficiente.

Poner en marcha un cambio es una oportunidad maravillosa en la vida. Decidir que quieres ser de una determinada manera y conseguirlo, es un logro de un nivel superior, pocas cosas pueden hacernos tan felices como estar satisfecho con tu forma de ser. La capacidad de cambio que tenemos es increíble, solo debemos conocer como producir esa transformación y la motivación para hacerlo.
Muchas veces, sobre todo en pareja, los cambios que son necesarios para que funciones mejor la relación no siempre los vemos muy necesarios y motivantes. El secreto es pensar qué obtendríamos si actuásemos de otra manera, si el resultado sí es motivante, tengamos muy presente ese resultado para producir la transformación.

Hay veces que nosotros mismos vemos necesario el cambio y lo provocamos, hay otras veces que nuestro entorno nos está mandando señales y otras que simplemente alguien nos llama la atención sobre algo que es recomendable que cambiemos. Debemos ser sensibles a todo esto, debemos ser un poco más responsables y entender que nuestra conducta siempre tiene un impacto en los demás y nosotros debemos decidir si nos gusta o no ese impacto que provocamos. Es fundamental que el cambio sea voluntario para que sea permanente y consistente.

La transformación de una persona no es que se convierta en otra persona diferente si no que se convierta en su mejor ser, en el mejor yo que pueda ofrecer en cada momento.