En la relaciones de pareja como en cualquier relación siempre van a existir discrepancias, porque cada persona es diferente y tiene una historia y una forma de ver la vida. Esto debe estar muy presente a la hora de enfrentar cualquier conflicto. Tener diferencias es algo normal, pero se convierte en problema cuando es un constante foco de sufrimiento y hace que la relación se deteriore.
Por lo tanto tenemos que ser conscientes de que probablemente el conflicto en una convivencia resulte inevitable, y debemos y no tenerle miedo. Tratar de no obsesionarnos por si ocurre y poner nuestra energía en manejarlo de la mejor manera posible cuando aparezca.

Tan importante es lo que se dice como la manera en que se dice

Cuando discutimos es importante fijarse en las formas, es decir, en tratar de expresar con palabras lo que sentimos de la manera más acertada posible.
Hablar sobre nosotros y no sobre el otro. Las acusaciones del tipo “tú dices”, “tú haces”, “tú eres…” hay que evitarlas. Lo mejor es no emitir juicios de valor sobre la otra persona, sino explicarle cómo me siento yo en respuesta a sus acciones. Y por supuesto nunca usar insultos ni descalificaciones. No sirven para nada excepto para provocar daño a la otra persona.

Pon el foco en las soluciones

Otro factor que tenemos que tener en cuenta es que, a la hora de discutir no debemos orientarnos a «ganar la discusión» si no a encontrar soluciones. Si queremos construir un vínculo sano y sólido, no hay ganadores ni perdedores.
Muchas gente puede confundir ceder con someterse, muchas veces ceder es el mejor síntoma de madurez e inteligencia frente a un problema.

Escucha atentamente

Muchas veces mientras el otro habla estamos pensando qué le vamos a contestar y esto es un error. Debemos huir de todas aquellas interpretaciones o suposiciones realizadas de forma automática y primero prestar atención a lo que la otra persona nos quiere transmitir.

Cíñete al tema en concreto de discusión

Cuanto más precisos seamos con nuestra demanda, mejor atendida será, y esto reducirá la probabilidad de acabar en pelea. Es común empezar una discusión, por ejemplo, sobre las vacaciones y acabar discutiendo sobre las Navidades del 97. Esfuérzate por ceñirte al tema que más importe.

Dale el espacio adecuado

A la hora de plantear un problema, debemos darle el tiempo y el espacio que se merece. No se debe empezar una charla cinco minutos antes de salir de casa. Un diálogo constructivo requiere de cierto análisis y tiempo.

Olvida el pasado

Tener una lista de reproches guardada y cuidadosamente ordenada para lanzársela al otro en cada oportunidad provoca muchísimo daño en la pareja . Para que esto no pase, debemos no dejar temas pendientes sin hablar con nuestra pareja, porque es ahí donde surge el rencor que aparecerá cada vez que nos enfadamos.

Tómate tu tiempo

En muchas ocasiones somos nosotros mismos los que no sabemos qué nos ocurre, nos sentimos irritados por algo que no tiene que ver con la pareja pero que sin embargo acabamos pagandolo con ella. En estas situaciones, nos debemos tomar el tiempo suficiente, y así darnos cuenta de qué es lo que nos está pasando, y si identificamos que no tiene que ver con él/ella, podemos reconocerlo.

 

 

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